Hasta aquí hemos señalado una serie de transformaciones en las esferas cultural, política y económica que se vincula con los cambios introducidos por la denominada “revolución informacional”.
En este marco, se ha acuñado el concepto de “sociedad de la información”, para hacer referencia a la estrecha vinculación entre los cambios en la vida cotidiana que introduce la expansión de la tecnología. Sin embargo, el uso extendido de este concepto es bastante debatido en la actualidad.
Una primera cuestión sobre la que algunos autores señalan su discrepancia con este concepto es el hecho, que ya hemos señalado en un apartado anterior, de que la información ha sido un elemento decisivo en todas las sociedades y en el modo de producción capitalista en general, y no es exclusiva de la actual revolución informacional. Lo que resulta diferente es que en la actualidad la información es, a la vez, materia prima: “son tecnologías para actuar sobre la información, no solo información para actuar sobre la tecnología, como era el caso en las revoluciones tecnológicas previas” (Castells, 2001a: 88).
En este sentido, Castells prefiere el uso del término “modo de desarrollo informacional” para referirse a una economía capitalista en la cual “la generación, el procesamiento y la transmisión de la información se convierten en las fuentes fundamentales de la productividad y del poder, debido a las nuevas condiciones tecnológicas que surgen en este período histórico” (Castells, 2001a: 47).
Teniendo en cuenta que la integración de los distintos países y regiones al devenir del
mundo globalizado no es uniforme, sino que se encuentra fuertemente dividida social, económica y tecnológicamente, y que al interior de cada país, diversos grupos sociales también se encuentran diferenciados de esta manera, en lugar de una sociedad de la información (uniforme y única) habría que pensar en varias sociedades de la información, desiguales en términos de desarrollo, poder y acceso.
Una segunda cuestión que se puede señalar respecto de la necesidad de revisar el uso amplio –y a veces ingenuo– del concepto sociedad de la información, en tanto algunas de estas propuestas se basaron en la expectativa de que la incorporación de las TIC garantizarían de por sí mejores oportunidades de desarrollo económico. La noción de sociedad de la información comenzó a cobrar presencia a partir del desarrollo de programas gubernamentales específicos, entre ellos el de los Estados Unidos (conocido como “Autopistas de la información”) y el de la Comisión Europea (“Sociedad de la información”), durante la década del noventa. Estos programas se propusieron explícitamente difundir la convicción del impacto irreversible que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación tendrían, particularmente, en el ámbito de la economía. Uno de los postulados clave de estas políticas era que las TIC producirían un efecto de ampliación sobre las actividades económicas, bajo la condición de que su incorporación se diera en un marco de liberalización de las políticas públicas, desregulación de los mercados y competitividad. Sin embargo, la experiencia de diferentes países ha dado cuenta que la mera incorporación de las TIC, no genera dicho efecto de “derrame” y que se requiere un trabajo y políticas específicas para que las tecnologías brinden mejores oportunidades en la vida de sus usuarios.
Para leer y reflexionar
En la síntesis correspondiente al Libro Verde sobre la convergencia de los sectores de telecomunicaciones, medios de comunicación y tecnologías de la información y sobre sus consecuencias para la reglamentación, publicado en 1997 por la Unión Europea en el marco de su programa para la Sociedad de la Información, puede leerse:
El carácter mundial de las plataformas de comunicación de nuestros días, y en particular de internet, constituye una llave que puede abrir la puerta que conduce a una mayor integración de la economía mundial. Al mismo tiempo, la presencia en la World Wide Web tiene un coste tan bajo que permite a empresas de todos los tamaños adquirir una dimensión regional y mundial. La mundialización será un aspecto clave de las tendencias futuras. Si Europa consigue asimilar estas transformaciones creando un entorno que, lejos de obstaculizar, favorezca este proceso, podrá contar con una poderosa fuente de creación de empleo y de crecimiento, que multiplicará las posibilidades de elección del consumidor y fomentará la diversidad cultural. Si no lo consigue, o no con la rapidez suficiente, se corre el riesgo de que nuestros ciudadanos y empresas queden relegados al carril lento de una revolución en materia de información que están asimilando las empresas, usuarios y gobiernos de todo el mundo.
◗ Síntesis en http://europa.eu/scadplus/leg/es/lvb/l24165.htm
Para debatir
En este breve fragmento puede observarse el sentido fuertemente optimista que el documento de la Unión Europea le adjudica al impacto de las nuevas tecnologías y a los procesos de globalización: creación de empleo y crecimiento, multiplicación de las opciones para el consumidor, fomento de la diversidad cultural. Al mismo tiempo, alerta que la no integración tendrá como consecuencia la marginación con respecto al proceso mundial de desarrollo informacional.
◗ Intenten llevar la discusión a la escala de sus propias regiones o ciudades, y a los desafíos que este tipo de problemáticas le plantean a la educación.
◗ Si son docentes, identifiquen la presencia de esta problemática en los programas y diseños curriculares. Si no la encuentran presente, reflexionen respecto de en qué espacios, asignaturas y/o momentos de la formación podría incluirse.
En el espacio en que confluyen los análisis sobre los ya mencionados procesos de globalización (y relocalización), de revolución informacional y de transformaciones en la vida cotidiana, parece útil recuperar uno de los términos utilizados para pensar nuestra actual sociedad: el de sociedad de redes o sociedad-red (Castells, 2001a; 2001b).
La sociedad-red es un concepto acuñado posteriormente y que aparece como superador de la noción de sociedad de la información. La sociedad-red representa un modo de organización social cuya estructura está construida en torno de redes de información a partir de la tecnología de información microelectrónica (Castells, 2001b).
Una red podría caracterizarse por ser:
◗ Un conjunto de nodos interconectados. Cada nodo es un punto dentro de la red,
y puede ser tanto una persona, como un grupo social, una institución, un medio de comunicación, un país, etcétera.
◗ Una estructura abierta, con posibilidades de expandirse sin límites a partir la inclusión de nuevos nodos.
◗ Una trama social con arquitectura descentralizada, donde las decisiones no se toman centralizadamente y la comunicación no sigue un sentido unidireccional.
Obviamente las redes sociales no son específicas de este tiempo, sino que han existido a lo largo de la historia. Desde hace siglos, distintas regiones del mundo están conectadas a través del comercio, formando una compleja red: el mercado. Como red, el mercado es un conjunto de nodos interconectados (personas, organizaciones, empresas, pueblos, naciones, etc.) con una estructura abierta y posibilidades de ampliar dicha estructura (por ejemplo, lo que en términos de ampliación del mercado significaron los procesos de conquista y colonización de América) y una arquitectura descentralizada (nadie es “dueño” del mercado y el comercio, aún cuando los distintos nodos, como veremos, no se encuentran en igualdad de condiciones y de poder).
Sin embargo, que las redes tengan verdadero alcance global (pensemos, por ejemplo, en organizaciones no gubernamentales en red como Greenpeace o Amnistía Internacional) y que los intercambios se realicen prácticamente en tiempo real, con pocos minutos de demora, es solo posible en estos últimos años, y a partir de lo que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
En una red, los distintos nodos están interconectados y resultan interdependientes entre sí.
Sin embargo, aún cuando no se sigue un único modelo de organización jerárquica, no necesariamente los distintos nodos están en situaciones de igualdad unos respecto de los otros. Por una parte, porque el ser parte de una red (y de varias redes) o estar afuera, resulta de significativa importancia.
Por otro lado, porque en una red se suma, al poder que cada nodo posee, el que obtiene de su relación con otros, de su dinámica de flujos.
Como señala Castells en el siguiente párrafo, la economía globalizada, la revolución informacional y la sociedad-red se relacionan directamente:
Esta evolución hacia las formas de gestión y producción en red no implica la desaparición del capitalismo. La sociedad-red, en sus diversas expresiones institucionales, es, por ahora, una sociedad capitalista. Es más, por primera vez en la historia el modo de producción capitalista determina la relación social en todo el planeta. Pero este tipo de capitalismo es profundamente diferente de sus predecesores históricos. Posee dos rasgos distintivos fundamentales: es global y se estructura en buena medida en torno a una red de flujos financieros.
El capitalismo funciona a escala global como una unidad en tiempo real; y se realiza, invierte y acumula principalmente en la esfera de la circulación, esto es, como capital financiero. (…) Sin embargo, el capital financiero, para operar y competir, necesita basarse en el conocimiento generado y procesado por la tecnología de la información. Ese es el significado concreto de la articulación existente entre el modo capitalista de producción y el modo informacional de desarrollo.
(Manuel Castells [2001a], La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Volumen I: La Sociedad Red, Madrid, Alianza.)
Como ya se ha señalado, en una sociedad-red las diferencias sociales se definen, no solo internamente, sino, fundamentalmente, por la pertenencia o no a una red. En este sentido, las redes actuales no son inclusivas ni ofrecen iguales oportunidades a las diferentes sociedades y, dentro de ellas, a los diferentes grupos que la componen (Brunner, 2000). Diversos analistas sociales vienen enfatizando que las TIC en general, e internet en particular, han dado lugar a una creciente brecha o divisoria digital, que produce divisiones entre quienes tienen acceso a las mismas y quienes no.
Esta brecha digital reproduce las desigualdades en infraestructura, conocimiento y poder ya existentes entre los países y grupos sociales. En un libro reciente el antropólogo Néstor García Canclini (2004) presenta un análisis acerca de las desigualdades que se presentan en las naciones latinoamericanas en relación con el acceso y la producción de nuevas tecnologías de la información y comunicación. El mismo autor reconoce y analiza algunas de las experiencias alternativas que se han producido en estos países en la elaboración de producciones culturales locales y propias (como por ejemplo: el caso de los circuitos alternativos de cine latinoamericano).
La divisoria digital tiene más de un componente: por un lado, la divisoria tecnológica, esto es, la disponibilidad de computadoras y de acceso a la red, la infraestructura; por otro lado, la divisoria de aprendizaje, o sea, la educación y la generación de conocimiento disponibles para producir, innovar y/o utilizar las tecnologías para usos genuinos, productivos, creativos. Y estos dos componentes se retroalimentan: el conocimiento y la educación resultan indispensables para la innovación y la ampliación de las capacidades tecnológicas; pero a la vez, el conocimiento, el aprendizaje y las capacidades de innovación se desarrollan con el uso, con lo cual “no es de extrañar que se registre una tendencia intrínseca al aumento de las desigualdades” (Arocena y Sutz, 2004: 49).
Desde el punto de vista de los grupos sociales, la divisoria está basada en variables sociales tradicionales, como nivel de ingresos, nivel educativo, género, ubicación geográfica, pertenencia étnica, edad. Esto equivale a decir que quienes quedan fuera de las redes, atrapados en la divisoria digital, rara vez lo eligen.
En este contexto, la educación pública, entre otras políticas de los Estados, se convierte en una herramienta imprescindible para que los niños y jóvenes logren desarrollar conocimientos y habilidades que les permitan convertirse en usuarios de tecnologías, en potenciales participantes de estructuras en red tecnológicamente mediadas, y en productores económicos y culturales que aprovechen los recursos tecnológicos disponibles.
Para saber más
En diversos países se diseñaron programas de políticas públicas tendientes a equilibrar las posibilidades de participación ciudadana respecto de las tecnologías informacionales.
En Brasil, el Libro Verde sobre sociedad de la información, planteaba en el año 2000 que: “En la era de internet, el gobierno debe promover la universalización del acceso y el uso creciente de los medios electrónicos de información para generar una administración eficiente y transparente en todos los niveles. (…) Al mismo tiempo, cabe al sistema político promover políticas de inclusión social, para que el salto tecnológico tenga un paralelo cuanti y cualitativo en las dimensiones humana, ética y económica. La llamada alfabetización digital es un elemento clave en ese esquema”
(Takahashi, T. [org.] [2000], Sociedade da Informação no Brasil. Livro Verde, Brasília,
Ministério da Ciência e da Tecnología).
En la Argentina se desarrolla desde el año 2006 un Plan de Alfabetización Digital que incluye al Programa Mi PC (Mi Primera Computadora) que tiene como objetivo “reducir la brecha digital existente en nuestro país, entendida como la mala distribución de oportunidades y capacidades en torno al acceso a TIC. Para alcanzarlo, el Programa ha dispuesto dos líneas complementarias de acción: por un lado, ha auspiciado la generación de equipamiento computacional a un costo reducido (…); por otro lado, ha generado y está implementando una política destinada a la creación de CEA
(Centros de Enseñanza y Aprendizaje informático) públicos y gratuitos, con el fin de reducir la brecha digital estructural, compuesta principalmente por fenómenos de analfabetismo digital en sectores de bajos recursos de la sociedad”.
◗ Programa Mi PC, Objetivos. Disponible en: www.programamipc.gov.ar
Para leer y reflexionar
El siguiente párrafo está extraído del Informe sobre Economía de la Información 2006, elaborado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo
(UNCTAD). Disponible en:
◗ http://www.unctad.org/Templates/webflyer.asp?docid=7678&intItemID=1528&lang=3
Como se puede apreciar, en el año 2006 ya no solo se discute el acceso, sino la forma de lograrlo (en el caso que presenta el artículo, a través de la conexión a banda ancha).
La banda ancha se está convirtiendo en algo tan esencial para las empresas y ofrece ventajas tan competitivas que se la está comparando a servicios públicos como el agua y la electricidad, según se sostiene en el Information Economy Report 2006
(Informe sobre la economía de la información, 2006), y esta es una noticia inquietante para los países en desarrollo, donde la banda ancha es escasa y los elementos necesarios para suministrarla a un costo razonable son, a menudo, inexistentes.
En el informe se señala que existen grandes diferencias entre los países desarrollados, donde la banda ancha se encuentra en rápida expansión, y los países en desarrollo, donde todavía predomina la conexión a internet por línea de red conmutada… si es que existe algún tipo de conexión. (…) La banda ancha permite a las empresas participar en transacciones más sofisticadas de comercio electrónico y suministrar una más amplia gama de productos y servicios a través de internet, con lo que aprovechan al máximo las ventajas de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC). Según el informe, el uso de la banda ancha aumenta directamente la competitividad y la productividad, lo que, a su vez, repercute en el crecimiento macroeconómico. Se estima que la banda ancha podría aportar cientos de miles de millones de dólares anuales al producto bruto interno
(PIB) de los países en desarrollo en los próximos años.
El aumento de la banda ancha se puede atribuir en buena medida a la competencia y al descenso de los precios, pero también depende de la infraestructura disponible.
Según se señala en el informe, debido a la falta de economías de escala, muchos países en desarrollo disponen escasos incentivos para ampliar la infraestructura de la banda ancha fuera de las zonas urbanas. La tecnología inalámbrica y los satélites pueden ayudar a salvar el costo de la infraestructura para las zonas remotas, rurales o escasamente pobladas. En el informe se señala que los gobiernos pueden desempeñar un importante papel en el mejoramiento del acceso a la banda ancha mediante la infraestructura y la política: esta puede fomentar o desincentivar la competencia, y de esta forma, puede repercutir en la disponibilidad y los precios.
Para debatir
◗ ¿Cuáles son, según el informe, los aspectos que determinarían la brecha digital?
◗ ¿Qué otros actores, además de los gobiernos, podrían jugar un papel importante en disminuirla?
http://portal.educ.ar/debates/fopiie/
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